miércoles, 20 de junio de 2018

ULTIMOS DÍAS DEL CREADOR DE LA BANDERA, OLVIDO Y ABANDONO

Manuel Belgrano

20 de junio de 1820

Fallece en la Ciudad de Buenos Aires, a los 50 años de edad, el General Manuel Belgrano, padeciendo ya hacía de algun tiempo, retención de líquidos como síntoma de alguna otra afección, que lo terminó llevando a la muerte

Murió en la pobreza, y además el mismo 20 de junio la provincia de Buenos Aires sumida en una profunda crisis se enfrentaba a lo que se llamó el Día de los tres gobernadores, ya que Ildefonso Ramos Mejía y Miguel Estanislao Soler, se habían proclamado en el cargo, sumando al Cabildo porteño que se alineaba también en la gobernación, con lo cual todo junto hizo pasar inadvertida la partida del General Belgrano.

Compartimos una de sus últimas frases ya en el lecho de muerte:

"sólo me consuela el convencimiento en que estoy, de quien siendo nuestra revolución obra de Dios, él es quien la ha de llevar hasta su fin, maniféstándonos que toda nuestra gratitud la debemos convertir a su Divina Majestad y de ningún modo a hombre alguno"

 Ell velatorio fue casi sin pena ni gloria, mientras tres gobernadores se disputaban el poder. 

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE MANUEL BELGRANO: ABANDONO E INGRATITUD

Juan Martín de Pueyrredón

El 7 de enero de 1819, el Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón, le ordena al general MANUEL BELGRANO dirigirse a Santa Fe y asumir la jefatura de las fuerzas en operaciones, contra los rebeldes de esa provincia, 
conservando el mando del Ejército del Norte.



Juan José Viamonte

A fines de ese mes de enero, inicia la marcha  al frente de 5.500 hombres, dejando 500 en Tucumán, mientras también avanzan desde Buenos Aires, las tropas porteñas al mando de Juan José Viamonte.



Estanislao López
Belgrano se estaciona cerca  de Rosario y no llega a entrar en combate, pero Viamonte sí y es derrotado por las fuerzas de Estanislao López en marzo de 1819.
Ambos bandos acuerdan un armisticio en abril y comienzan las negociaciones de paz,  conocido como “Armisticio de San Lorenzo”, Belgrano se obliga a dejar Rosario y encaminarse hacia Cruz Alta, en la provincia de Córdoba, donde se están concentrando sus efectivos.
La situación de sus tropas es angustiosa debido a la falta de recursos 
“consumo cincuenta reses diarias, escribe, no se de donde sacarlas, porque se han agotado los depósitos y por eso se ha disminuido la ración de carne. Vivimos con el arroz traído desde Tucumán y vamos a tener que echar mano de los bueyes. A consecuencia de todo esto, la deserción se pronuncia. Estoy en un desierto”.
Belgrano ya se encontraba enfermo. Y cuando su salud se halla seriamente quebrantada, recién obtiene autorización  para trasladarse a Capilla del Pilar . Era junio de 1819.

Belgrano reconoce:

“Se que estoy en peligro de muerte, dice, pero la conservación de este Ejército depende de mi presencia. Aquí hay una Capilla donde son enterrados los soldados: en ella también podrá enterrarse a su general. Me rsulta agradable pensar que aquí vendrán los paisanos a rezar por el descanso de mi alma”. 

Rondeau
Fernandez de la Cruz

El 29 de agosto, le solicita al Director Supremo Rondeau,  dejar el cargo hasta restablecerse (padecía de hidropesía, según unos autores y de cirrosis hepática según otros) y el 11 de setiembre deja el mando de su tropa, al jefe de su Estado Mayor, el general Francisco Fernández de la Cruz.







Se retira hacia Tucumán, en busca de un mejor clima para su enfermedad , pero allí, postrado en cama, es sorprendido por el motín que encabezado por el capitán Abrham González, intenta derrocar al gobernador de esa provincia. Los rebeldes invaden su domicilio y González ordena engrillarlo, sin conmiseración alguna por el estado en que están sus piernas, hinchadas y sangrantes. 

Su médico y amigo, el doctor Joseph James Thomas Redhead,   logra evitar tal abuso
“¿Qué quieren de mí?. Si es necesria mi vida para segurar el orden público, aquí está mi pecho: quítenmela”, les dice  así Belgrano a los amotinados.




Bernabe Araoz

Bernabé Aráoz, institgador del movimiento y  gobernador de Tucumán, ordena la libertad de Belgrano, que solo y en condiciones precarias, dispone trasladarse a Buenos Aires, ya sin remedio para su enfermedad.

Su  amigos, CELEDONIO BALBÍN, le facilitó 2.000 pesos en monedas  de plata para los gastos del viaje.







Febrero de 1820, partió en un carruaje acompañado por el doctor Redhead, el capellán VILLEGAS y dos fieles ayudantes,.con quienes debe detenerse en Córdoba por falta de dinero. Allí lo ayuda un vecino, el modesto comerciante Carlos del Signo, quien le facilita los medios para continuar su viaje hacia Buenos Aires. 

La hinchazón de las piernas, le impedían caminar a Belgrano, al llegar a cada Posta del camino, debió ser alzado para luego se depositado en una cama.

A fines de marzo de 1820, llega a Buenos Aires, en momentos en que la ciudad vive un clima de conmoción provocado por la derrota de las fuerzas porteñas a manos de los caudillos federales. 

Se alojó en una quinta ubicada en San Isidro y solicitó alguna ayuda pecuniaria del gobierno, a cuenta de lo que se le debía por sueldos atrasados. Pero los pocos pesos que le llegaron a cuenta de los muchos que le adeudan las autoridades, no bastaban para mitigar la extrema pobreza en que transcurrirán los últimos días del prócer y son sus amigos quienes deben atender los gastos de su enfermedad. 

A los pocos días fue trasladado, para su mejor atención a la vieja casa paterna, ubicada en la actual avenida Belgrano 430, donde es visitado por los religiosos del vecino Convento de Santo Domingo.







 El 17 de junio de 1820, recibió la visita de su amigo BALBÍN.

 “Mi situación es cruel: mi estado de salud me impide montar a caballo para tomar parte en la defensa de Buenos Aires”. 
A estas palabras le siguieron un intervalo de silencio y luego agregó: 
“Me hallo muy mal: duraré muy pocos días. Espero la muerte si temor, pero llevo al sepulcro un sentimiento” 
Interrogado por Balbín, le contestó con tristeza: 
“Muero tan pobre que no tengo con qué pagarle el dinero que usted me prestó; pero no lo perderá. El Gobierno me debe algunos miles de pesos de mis sueldos y luego que el país se tranquilice se los pagarán a mi albacea, quién queda encargado de satisfacer la deuda”.
 El 25 de mayo (25 días antes de morir) había dictado su testamento, “encomendando su alma a Dios, que la formó de la nada y su cuerpo a la tierra de que fué formado”, según sus propias palabras. En tal ocasión declaró que no teniendo ningún heredero forzoso, ascendiente ni descendiente, instituía como tal a su hermano el canónigo DOMINGO ESTANISLAO BELGRANO, a quien nombró patrono de las Escuelas por él fundadas, legándole su retrato, con encargo secreto de que pagadas todas sus deudas, aplicase todo el remanente de sus bienes en favor de una hija natural llamada MANUELA MÓNICA, que de poco más de un año, había dejado en Tucumán, recomendándole muy encarecidamente hiciera con ella las veces de padre y cuidara de darle la más esmerada educación. 
El día antes de su muerte, pidió a su hermana JUANA que lo asistía con el amor de una madre, que le alcanzase su reloj de oro que tenía colgado a la cabecera de la cama. “Es todo cuanto tengo que dar a este hombre bueno y generoso” dijo dirigiéndose al doctor REDHEAD, quien lo recibió emocionado.
 Exclamó antes de expirar: “¡Ay patria mía!”.
Eran las 7 de la mañana del 20 de junio de 1820 y Belgrano tenía 50 años de edad   .


La autopsia de su cuerpo fue hecha por su fiel amigo y médico de cabecera, el doctor Redhead, que lo embalsamó cuidadosamente, diciendo al tiempo de practicar esta operación, que había encontrado su corazón más grande que el común de los mortales, lo que siendo materialmente  cierto, era el efecto natural de su enfermedad, originada por los dolores que lo afligieron. 
Luego, cumpliendo con su última voluntad, su cuerpo fue amortajado con el hábito de los domínicos y trasladado, a la iglesia de Santo Domingo, en cuyo atrio recibe sepultura. Su sepulcro fue cavado al pie de la pilastra derecha del arco central del frontispicio de la iglesia. Allí se colocó su féretro de pino, cubierto de paño negro y se derramó encima de él una capa de cal, cerrándose luego la bóveda que debía guardar sus restos eternamente. Sobre él se colocó en un marco de madera al nivel del suelo con este simple epitafio: “AQUI YACE EL GENERAL BELGRANO”.
Sus hermanos, algunos parientes   y unos pocos amigos   fueron los únicos que asistieron al entierro .  
 El 4 de setiembre de 1902 una comisión designada por el Gobierno nacional, presidido entonces por el general JULIO A. ROCA, procedió a exhumar los restos de Belgrano para trasladarlos a la urna que sería depositada en el monumento. 


 Levantada la lápida en presencia del escribano mayor del Gobierno ENRIQUE GARRIDO, se retiraron los huesos  del prócer y fueron colocados en una bandeja de plata. También se encontraron algunos dientes, dos de los cuales fueron tomados, uno por el Ministro del Interior, doctor JOAQUÍN V. GONZÁLEZ, y el otro, por el Ministro de Guerra, coronel PABLO RICCHIERI.

Este insólito proceder,  provocó la categórica condena de los principales diarios de Buenos Aires y el incidente sólo se dio por terminado, cuando fueron devueltos al prior del Convento Santo Domingo, quien al informar que los había recibido, expresó que el Ministro González le dijo “que se los había llevado para mostrárselos a sus amigos y que el Ministro Richieri, le había expresado que los había llevado para entregárselos  al general Bartolomé Mitre.
El monumento en su  homenaje,fue levantado por suscripción popular en el mismo atrio del Convento de  Santo Domingo. El monumento, e obra del escultor italiano Héctor Ximénez, y fue fue inaugurado en octubre de 1902.


atrio iglesia Santo Domingo y tumbra de Belgrano


Relacionado con el tema pueden visitar el siguiente enlace

SE HAN ROBADO LOS DIENTES DEL PROCER, Y DICEN QUE LOS TIENE…


https://fvdbayones.blogspot.com/2014/06/hay-hechos-que-aunqueresulten.html



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