lunes, 7 de enero de 2019

Hay barcos que en el la historia nadie quiere recibir. El drama de los refugiados y emigrados.






La historia no se repite,  pero muchas veces, se dan sucesos de un terrible parecido entre si, y esto
ocurre hoy en día ante la indiferencia de gran parte del mundo.

A fines del 2018,principios del 2019, el  barco Sea Watch 3, administrado por una ONG alemana   del mismo nombre, espera en aguas de Malta con 32 personas a bordo, rescatadas en la costa de Libia el 22 de diciembre. En tanto otra embarcación con 17 migrantes también aguarda desde el 29 de diciembre. Esperando que algún país los reciba.





Cerca de 50 migrantes se encuentran varados a bordo de estos dos barcos humanitarios en el Mar Mediterráneo, en las costas de Malta, a la espera de desembarcar en un puerto seguro, intentos que se ven frustrados por la negativa de las autoridades maltesas y la falta de acuerdo entre los países europeos sobre las políticas de acogida de migrantes.

No hay quién los quiera recibir. El silencio oculta el drama. El  Sea-Watch 3, , que rescató a 32 personas de una embarcación insegura en la costa de Libia el 22 de diciembre, se hallan entre la  tripulación  tres niños que sufren mareos y cuatro adolescentes, que viajan sin compañía. Siete dramas de la vida cotidiana del emigrado.



El barco se encuentra en aguas maltesas, a merced de las tormentas de invierno, que provocan fuertes vientos y oleaje agitado. Pero las autoridades de Malta se han negado a acoger a los migrantes y, desde entonces, no ha aparecido un país europeo dispuesto a recibirlos.

Según el jefe de la misión de Sea-Watch,  Philipp Hahn, el principal problema es que las personas a bordo del buque “muestran problemas mentales, estrés y un deterioro es su estado de salud mental”.
De hecho, en un intento desesperado, uno de los migrantes saltó a las aguas frías el viernes 4 de enero para intentar nadar hacia la orilla, pero fue rápidamente retirado por la tripulación. Y murió poco después por las heridas recibidas.

“No somos peces, no somos tiburones, somos seres humanos como todos los demás. Hicimos este cruce, arriesgamos nuestras vidas para llegar a Europa, y ahora que hemos llegado, Europa se niega, y no sabemos por qué”, afirmó Bob Kiangala, un migrante de República Democrática del Congo.
Otro barco humanitario, el "Profesor Albrecht Penck" de la ONG alemana Sea-Eye, también se encuentra varada en aguas de Malta con 17 personas que fueron rescatadas el 29 de diciembre.


En medio de la crisis, esta semana, decenas de grupos humanitarios, entre ellos Amnistía Internacional y la Organización Internacional de las Naciones Unidas para las Migraciones (OIM), pidieron a la Unión Europea que ofrezca un puerto seguro para ambas embarcaciones.
Este nuevo episodio vuelve a poner en el centro de la escena las diferencias entre los países de la Unión Europea sobre la responsabilidad compartida en la recepción de migrantes y refugiados.
El viernes 4 de enero, en un movimiento sorprendente, el viceprimer ministro Luigi Di Maio, líder del Movimiento 5 Estrellas, aseguró que Italia podría aceptar a mujeres y niños si Malta aceptaba abrir su puerto a los dos barcos.

Sin embargo, el también viceprimer ministro y titular de la cartera de Interior, Matteo Salvini, líder de la Liga, rápidamente señaló que Italia no debería admitir a los migrantes e instó que Malta debería abrir el puerto de La Valeta porque los navíos “están en aguas territoriales” de ese país.

“La trata de personas debe ser detenida. Las personas que escapan de la guerra deben venir a Italia en avión, como ya lo hacen muchos, no por barco. Podemos enviar medicinas, alimentos y ropa a los barcos, pero ya fue suficiente de este chantaje”, escribió en su perfil de Facebook.


En tanto, Países Bajos, Alemania y Francia se mostraron listos a recibir algunos migrantes, siempre y cuando otras naciones hagan lo mismo.





Esa es una de las principales trabas en la gestión de la migración en el Mar Mediterráneo: si bien España y Malta en varias ocasiones han aceptado recibir migrantes, las negociaciones no se prolongan a otros países europeos, por lo que varias organizaciones humanitarias han optado por suspender los rescates.

El Papa Francisco se metió en el conflicto e hizo un llamado a los líderes europeos para que dejen a un lado las diferencias y garanticen un puerto seguro para los dos barcos de migrantes varados en aguas de Malta.


“Desde hace muchos días, 49 personas salvadas en el mar Mediterráneo están a bordo de dos naves de ONG, en busca de un puerto seguro donde desembarcar. Hago un cordial llamamiento a los líderes europeos para que demuestren solidaridad concreta hacia estas personas”, dijo el prelado argentino durante la celebración del Ángelus.

Con sus comentarios ante miles de fieles que abarrotaron la Plaza de San Pedro, el Sumo Pontífice se lanzó de lleno en medio de las tensiones entre Italia y Malta por una crisis que se encuentra bloqueada y sin visos de solución.

Fuentes  Reuters y EFE


El S.S St Louis , el barco de los refugiados judíos que nadie quiso recibir en América.





El 13 de mayo de 1939, el transatlántico alemán "St. Louis" partió desde Hamburgo (Alemania) hacia La Habana (Cuba). A bordo viajaban 937 pasajeros. Casi todos eran judíos que huían del Tercer Reich. La mayor parte eran ciudadanos alemanes, algunos provenían de Europa Oriental y unos pocos eran oficialmente "apátridas".


En La Habana los mandaron de vuelta a Europa, donde más de 250 de ellos acabarían muertos por los nazis.

La mayoría de los pasajeros judíos habían solicitado visados para los Estados Unidos y tenía planeado permanecer en Cuba sólo hasta que pudieran entrar en dicho país.

Durante la travesía del "St. Louis", hubo sin embargo indicios de que las condiciones políticas en Cuba podrían impedir que los pasajeros desembarcaran allí. El Departamento de Estado de los Estados Unidos en Washington, el consulado estadounidense en La Habana, algunas organizaciones judías y agencias de refugiados estaban al tanto de la situación. 

Desafortunadamente, los propios pasajeros lo ignoraban y la mayor parte de ellos serían enviados de vuelta a Europa.



Antes incluso de que el barco zarpara, los propietarios del "St. Louis", la línea entre Hamburgo y América, sabían que era posible que los pasajeros tuvieran problemas para desembarcar en Cuba. Pero los pasajeros, que tenían en su poder certificados de descarga emitidos por el Director general de inmigración cubano, desconocían que, ocho días antes de que el barco zarpara, el Presidente cubano Federico Laredo Bru había emitido un decreto que invalidaba todos los certificados de descarga. Para entrar a Cuba era necesario contar con una autorización por escrito de la Secretaría de Estado y de Trabajo de Cuba y el pago de un bono de 500 dólares. (Los turistas de EE.UU. estaban exentos de pagar el bono.)




El viaje del "St. Louis" atrajo la atención de una gran cantidad de medios de comunicación. Incluso antes de que el barco saliera de Hamburgo, los periódicos derechistas cubanos, que albergaban sentimientos pro-fascistas, anunciaron la inminente llegada de la nave y solicitaron que se pusiera fin a la continua admisión de refugiados judíos. Cuando se denegó la entrada a Cuba a los pasajeros del "St. Louis", la prensa estadounidense y europea llevó la historia a millones de lectores de todo el mundo. A pesar de que por lo general los periódicos estadounidenses relataban la situación de los pasajeros con un alto grado de compasión, sólo unos pocos sugirieron que los refugiados deberían ser admitidos en los Estados Unidos.


Sin saberlo, los pasajeros iban a convertirse en las víctimas de una amarga lucha interna entre los integrantes del gobierno cubano. El Director general de la oficina de inmigración del país, Manuel Benítez González, se encontraba bajo el escrutinio público debido a la venta de los certificados de descarga. De forma rutinaria, había vendido dichos documentos por 150 dólares o más y, según las estimaciones realizadas por los oficiales estadounidenses, había amasado un fortuna personal de entre 500.000 y 1.000.000 de dólares. A pesar de que era el protegido del Coronel en jefe del ejército cubano (y futuro presidente) Fulgencio Batista, la corrupción de Benítez y los beneficios que había amasado alimentaron el resentimiento del gobierno cubano, lo cual llevó a su dimisión.



Recurriremos a los recuerdos de Gisele Feldman.

"Realmente era algo impresionante ir en un crucero de lujo", dice Gisela Feldman. "La verdad es que no sabíamos a dónde nos dirigíamos, o cómo nos las arreglaríamos cuando llegásemos", añade.
A sus 90 años, Feldman todavía recuerda con claridad las emociones que sintió a los 15 años de edad mientras se embarcaba en el St Louis, en Hamburgo, Alemania, junto a su madre y a su hermana pequeña.

"Siempre fui consciente de lo nerviosa que estaba mi madre por el hecho de embarcarse sola, con dos hijas, en tal viaje", afirma.


En los años que siguieron a la llegada al poder del partido nazi de Adolfo Hitler las familias judías como la de Feldman no tenían ninguna duda del peligro que corrían.

A los judíos les habian confiscado  las  propiedades, y se quemaron sinagogas ,tiendas, profanado cementerios.. Después de que su marido fuera arrestado y deportado a Polonia, la madre de Gisela decidió que era momento de partir.

Desde la Kristallnacht (la persecución antisemita de la "Noche de los cristales rotos" del 9 y 10 de noviembre de 1938), los nazis habían estado intentando acelerar el ritmo de la emigración forzosa de judíos. El Ministerio de Asunto Exteriores alemán y el Ministerio de Propaganda de Joseph Goebbels esperaban que la negativa de otros países a admitir a los judíos contribuyera a la realización de los objetivos antisemitas del régimen.



Feldman se acuerda de su padre suplicando a su madre que le esperase pero ella era tenaz y siempre le respondía: "Tengo que llevarme a las niñas por seguridad".

Así que, armadas con visas para Cuba adquiridas en Berlín, 10 marcos alemanes en su bolso y otros 200 escondidos en su ropa interior, se dirigieron hacia Hamburgo y el St Louis.
"Tuvimos suerte de que mi madre fuera tan valiente", señala Feldman con un tono de orgullo en su voz. A medida que el barco se alejaba Feldman recuerda las lágrimas de sus familiares despidiéndolas desde el puerto. "Sabían que no nos volveríamos a ver", afirma suavemente. "Nosotras éramos las que tuvimos suerte- las que logramos escapar". No volvería a ver a su padre ni a unos 30 familiares que estaban aquél día allí nunca más.


A principios de 1939 los nazis habían cerrado ya la mayor parte de las fronteras de Alemania y muchos países habían impuesto límites en el número de judíos que podían acoger en sus fronteras.
Cuba era un punto de tránsito de camino a Estados Unidos y las autoridades cubanas en Alemania ofrecían visas a US$ 200 o 300 cada una – unos US$ 2.000 o 3.000 al cambio de hoy en día.
Cuando a Gerald Granston, que entonces contaba con 6 años, su padre le dijo que dejarían su pequeño pueblo en el sur de Alemania e irían en un barco hacia el otro lado del mundo, no entendió muy bien lo que oía. "Nunca había escuchado hablar sobre Cuba y no podía imaginar lo que iba a pasar. Recuerdo que tenía miedo todo el tiempo", afirma, ahora con 81 años.

Para muchos de los pasajeros y sus padres los nervios fueron disminuyendo a medida que el barco se alejaba de puerto.



Feldman, que compartía un camarote en la parte baja del barco con su hermana Sonja, pasó la mayor parte de su tiempo paseando en la cubierta conversando con niños de su edad o nadando en la piscina del barco.

Había también un lugar donde bailar e incluso un cine. Comían regularmente una variedad de comida a la que no estaban acostumbrados en Alemania.


Bajo órdenes del capitán, Gustav Schroder, los mozos y miembros de la tripulación trataban a los pasajeros muy respetuosamente, en contraste con el ambiente abiertamente hostil que sufrían los judíos bajo el régimen nazi.

Nunca había escuchado hablar sobre Cuba y no podía imaginar lo que iba a pasar. Recuerdo que tenía miedo todo el tiempo Gerald Granston, tripulante del SS St Louis

El capitán permitía que se celebrasen las tradicionales ceremonias  de los viernes a la noche, durante las cuales daba permiso para que se retirase un retrato de Hitler del salón principal.

Sol Messinger, que entonces contaba seis años y viajaba con sus padres, recuerda qué feliz parecía todo el mundo. De hecho, asegura, los adultos les decían todo el tiempo que ya estaban fuera de peligro: "Nos vamos", escuchaba que la gente decía una y otra vez durante el viaje. "Ya no tenemos que estar todo el tiempo vigilando".



Pero a medida que el crucero se fue acercando a la costa de La Habana el 27 de mayo esa sensación de optimismo dio primero paso al miedo, y luego al terror.

Granston estaba en cubierta con su padre y docenas de familias, con sus valijas listas para desembarcar, cuando las primeras autoridades cubanas llegaron sonrientes al barco.
Muy pronto estuvo claro que el barco no iba a atracar y que no se permitiría a nadie desembarcar. Recuerda escuchar una y otra vez las palabras "mañana, mañana". Cuando los cubanos se fueron y el capitán le dijo a la gente que deberían esperar, pudo sentir, incluso siendo un niño pequeño, que algo no iba bien.

Durante los siete días siguientes el capitán intentó persuadir, sin éxito alguno, a las autoridades cubanas para que les permitiesen entrar al país. Los cubanos ya habían decidido sin embargo rechazar la mayor parte de las visas, probablemente por miedo a ser inundados por más inmigrantes huyendo de Europa.

Cuando el "St. Louis" llegó al puerto de La Habana el 27 de mayo, sólo se permitió el desembarco de 28 pasajeros. Seis de ellos no eran judíos (4 españoles y 2 cubanos). Los restantes 22 pasajeros disponían de documentos de entrada válidos. Otro pasajero terminó en el hospital de La Habana tras un intento de suicidio.

Más que el dinero, los factores de mayor peso en Cuba eran la corrupción y las luchas de poder interno. El país atravesaba una depresión económica y muchos cubanos estaban resentidos con el relativamente alto número de refugiados que ya se encontraban en Cuba, incluidos 2.500 judíos, que se consideraban como competidores para los escasos trabajos.

La hostilidad contra los inmigrantes tenía otras dos raíces: el antisemitismo y la xenofobia. La creciente aversión se veía alimentada por los agentes de Alemania, así como por los movimientos de derecha locales, como el partido nazi cubano. Varios periódicos de La Habana y de las provincias fomentaron estos sentimientos al publicar acusaciones de que los judíos eran comunistas. Tres de los periódicos (Diario de la Marina, Avance y Alerta) eran propiedad de la influyente familia Rivero, que apoyaba de forma incondicional al líder fascista español Francisco Franco.

Los informes sobre la llegada del "St. Louis" provocaron una enorme manifestación antisemita en La Habana el 8 de mayo, cinco días antes de que el barco zarpara de Hamburgo. Esta manifestación antisemita, la más grande en la historia de Cuba, había sido patrocinada por Grau San Martín, un ex presidente cubano. El portavoz de Grau, Primitivo Rodríguez, urgió a los cubanos a "luchar contra los judíos hasta echar al último". La manifestación atrajo a 40.000 personas. Otros miles la escucharon por la radio.

El 28 de mayo, el día después de que el "St. Louis" llegara a La Habana, Lawrence Berenson, un abogado que representaba al Comité Judío Americano para la Distribucíon Conjunta (JDC), llegó a Cuba para negociar en nombre de los pasajeros del "St. Louis". Berenson había sido presidente de la Cámara de comercio cubano-estadounidense y tenía amplia experiencia empresarial en Cuba. Se reunió con el Presidente Bru, quien se negó a permitir que los pasajeros entraran al país. El 2 de junio, Bru ordenó que el barco se marchara de aguas cubanas. Pero mientras el "St. Louis" navegaba lentamente hacia Miami, las negociaciones continuaron. Bru se ofreció a admitir a los pasajeros si el JDC abonaba un bono de 435.500 dólares (500 dólares por pasajero). Berenson realizó una contraoferta, que Bru rechazó, y luego rompió las negociaciones.



El "St. Louis" navegaba tan cerca de Florida que los pasajeros podían ver las luces de Miami y enviaron un telegrama al Presidente Franklin D. Roosevelt para solicitarle refugio. Roosevelt nunca respondió. El Departamento de Estado y la Casa Blanca ya habían decidido no permitirles la entrada a los Estados Unidos. Un telegrama del Departamento de Estado enviado a un pasajero informaba de que los pasajeros debían "esperar su turno en la lista de espera y luego cumplir con los requisitos necesarios para obtener el visado de inmigración para ser admitidos en los Estados Unidos". Los diplomáticos estadounidenses en La Habana solicitaron al gobierno cubano que admitiera a los pasajeros por motivos "humanitarios".

Las cuotas establecidas en la Ley de inmigración de 1924 limitaban estrictamente el número de inmigrantes que se podían admitir en los Estados Unidos cada año. En 1939, la cuota anual combinada de inmigración germano-austríaca ascendía a 27.370, cifra que se alcanzaba rápidamente. De hecho, ya había una lista de espera de varios años. La única manera de otorgar los visados a los pasajeros del St. Louis era negándoselos a los miles de judíos alemanes que ya habían solicitado un visado. El Presidente Roosevelt podría haber emitido un decreto para admitir refugiados adicionales, pero decidió no hacerlo por varios motivos políticos.

La opinión pública estadounidense, a pesar de que simpatizaba ostensiblemente con la situación de los refugiados y condenaba la política de Hitler, seguía favoreciendo las restricciones de inmigración. La Gran Depresión había dejado a millones de estadounidenses sin empleo y temerosos de la competencia económica para los escasos trabajos disponibles. También había alimentado el antisemitismo, la xenofobia, el nativismo y el aislacionismo. Una encuesta de Fortune Magazine realizada en aquel entonces indicó que el 83% de los estadounidenses se oponía a la flexibilización de las restricciones de inmigración.

Muy pocos políticos estaban dispuestos a desafiar el sentir de la nación. Al tiempo que los pasajeros del "St. Louis" buscaban asilo, el proyecto de ley Wagner-Rogers, que hubiera permitido la admisión de 20.000 niños judíos provenientes de Alemania independientemente de la cuota existente, fue rechazado en el comité. El presidente Roosevelt guardó silencio en lo referente al proyecto de ley Wagner-Rogers y a la admisión de los pasajeros del "St. Louis". Siguiendo la negativa del gobierno de los Estados Unidos de permitir el desembarque de los pasajeros, el "St. Louis" regresó a Europa el 6 de junio de 1939.

El capitán entonces dirigió el barco hacia Florida, pero las autoridades estadounidenses tampoco le permitieron atracar, a pesar de las peticiones personales al propio presidente, Franklin Roosevelt. Granston cree que también le preocupaba la llegada masiva de inmigrantes.
"Eso es Miami", le dijo el padre de Messinger a su hijo una noche en la que estaban en cubierta, señalando las luces distantes de la costa.

Para junio, el capitán no tuvo otra opción que dar la vuelta y retornar a Europa. "De repente todo dejó de ser divertido", recuerda Feldman. "Nadie hablaba sobre lo que iba a pasar a partir de entonces."
A medida que el barco cruzaba el Atlántico, Granston no dejaba de preguntarle a su padre si volvían a ver a sus abuelos. Su padre solo movía la cabeza en silencio.


Por entonces los pasajeros no tenían problemas en ocultar sus llantos cuando paseaban por el barco- uno de los pasajeros incluso se cortó las venas y se arrojó por la borda, desesperado. "Si cierro los ojos todavía puedo oír sus gritos", dice Granston

Las organizaciones judías (particularmente el JDC) negociaron con los gobiernos europeos para permitir que los pasajeros fueran admitidos en Gran Bretaña, Holanda, Bélgica y Francia. Muchos de los pasajeros que desembarcaron en la Europa continental más adelante se encontraron bajo el poder nazi.
.
Al final, los pasajeros no tuvieron que volver a la Alemania nazi: Bélgica, Francia, Holanda y Reino Unido aceptaron a los refugiados.  La asociación judía internacional American Jewish Joint Ditribution Committee puso US$ 500.000 como garantía para cubrir cualquier costo asociado.
El 17 de junio el barco atracó en el puerto belga de Amberes, más de un mes después de haber zarpado de Hamburgo. Feldman, su madre y sus hermanas fueron a Inglaterra, al igual que Granston y su padre.

Todos sobrevivieron la guerra pero muchos de sus familiares murieron en el Holocausto.
Messinger y sus padres se trasladaron a vivir a Francia pero tuvieron que escapar de los nazis una segunda vez, y dejaron el país tan solo 6 semanas antes de que Hitler invadiese.


De entre los pasajeros del barco 250 no fueron tan afortunados y no sobrevivieron a la avanzada nazi de la Segunda Guerra Mundial.








  

martes, 25 de diciembre de 2018

NAVIDAD 2018. REFLEXIÓN MIRANDO EL PESEBRE.





El momento más trascendente de la humanidad.
La consumación de los tiempos. Alfa y Omega. Principio y fin.
La encarnación de la historia.
El instante supremo En el que se dio la humanización de la divinidad y en el que se hace partícipe de lo divino a o humano.
Todo en un instante, en un pujo, en una fracción de segundo.

No hay cámaras, ni  reporteros, ni satélites, ni transmisiones, ni opinadores, ni políticos, dignatarios, actores y actrices, músicos,  deportistas, nada de lo que conforma el mundillo actual.

Sólo un humilde pesebre, animales de corral, algunos pastores, la noche iluminada por las estrellas un padre, una madre y un niño, esperanza para todos. Todo en medio de la nada.

La consumación de la plenitud en la mayor indigencia.
La mayor riqueza en medio de la más absoluta pobreza.
El mayor cambio  de la humanidad  yace en un cajón, relleno de paja, y con hedor a animal de establo.





2018 años después. 

Satélites, transmisiones, guerras, altos dignatarios, tensiones políticas, pobreza, hambre, miseria, enorme brecha entre pobres y ricos, carrera armamentista, todo tipo de violencia, un mundo arrasado, migrantes, refugiados, muros por doquier y nosotros…nosotros

Nosotros que en medio de toda esta sin razón, en medio de tanta muerte, legal e ilegal, pero nunca aceptable, vivimos… ¿vivimos?... ¿o seguimos una rutina que llamamos vida?, aceptando que los likes en las redes sociales nos hacen plenos.

Like que se expresa con el más triste símbolo que perdura del circo romano, pulgar arriba vive, pulgar abajo muere.

Basamos nuestro éxito o fracaso en el dinero que tenemos o en el estatus al que hemos llegado, ya que esto expresa el actual y mediocre concepto de triunfo.

Somos, así, porque podemos consumir, y en consecuencia, para esta sociedad, soy cuanto más tengo, cuanto más tengo más soy, triste visión de la mejor creación del Padre.

Debo, sin dudas demostrar mi éxito,  hay que mostrar, exhibir, lucir, ostentar, enrostrar, nuestro éxito, por algo somos triunfadores, ¿triunfadores?..

Así mostramos, exhibimos, lo que esta sociedad espera desde su planteo estético, sociedad que sin dudas prioriza todo lo exterior, todo lo de  afuera.

Así vivimos en exhibición permanente, parafraseando a Discépolo, estamos revolcados  en la vidriera irrespetuosa de las redes, en un mismo lodo todos embarrados, en ese fangal que son las redes en las cuales se puede decir de todo sin hacerse cargo de nada

Todo debe mostrarse, si muestro todo quiere decir que no hay privacidad, no hay espacio para la intimidad, para la interioridad.

Todo se viraliza , todo se sube a redes y así nos sentimos protagonistas, sin ver que solo somos uno más en un mundo virtual que nos hace creer que todo cambia, cuando en realidad y fuera de la matrix que vivimos, nada cambia. Ya que los que detentan el poder en todo aspecto siguen haciendo lo que quieren y son los que marcan los ritmos y los temas que serán la distracción nuestra de cada día.

Se verá aquello que los medios quieran que se vea, y se  invisibilizará lo que no convenga que se vea, así  millones de personas que sobreviven al margen, fuera, ignoradas por el sistema y la sociedad, no se las ve, salvo cuando conviene hacer llamamientos pseudo solidarios, por lo general basados en una movida planetaria, para jugar a ser sensibles y que solucionan poco  y que calman muchas conciencias

Por todo lo dicho, no nos extrañe, que la sociedad, se caracterice por quedarse en la imagen y nosotros conformarnos en ser espectadores, creyendo que así somos actores, cuando en realidad tenemos un papel muy secundario ,casi un pequeño bolo, utilizando lenguaje televisivo referido al actor que solo aparece en cámara, como extra. Somos parte del decorado, ejemplo un hombre le pega a un perro y lo filmamos, lo subimos a redes y pensamos, ya esta….no intervenir en el momento no pienses en los likes, intenta defender al indefenso, sea animal o humano

Se sobrevalora la imagen, al creer que la imagen es lo importante, por ende no nos extrañe que vivamos una sociedad que prioriza  la estética, la apariencia, aquello que se ve.

Vivimos una sociedad que todo lo exterioriza y juzga todo por lo externo, hemos perdido la capacidad de profundidad, de ir hacia adentro, de bucear en lo profundo de nuestra alma, si es que aún creemos que tenemos un alma inmortal, y que no somos solo un cacho de carne que interactúa con otros cachos de carne que viven según lo que siente, ya que la sensación lo es todo, teniendo como lógica consecuencia, que no respondemos a nuestra esencia sino a la moda.

Hablamos de esencia, de aquello que nos hace distintos, únicos.
Hemos sido absorbidos, mediatizados, incorporados a eso  llamado globalización, y que no es otra cosa, que la imposición por medio de los medios de comunicación de la uniformidad a nivel mundial, impuesta por los centros de poder.

Esa globalización que nos quiere hacer creer que si todos cantamos la misma canción es mucho mejor, y  si se da esto, estamos en la vía del   progreso. Todo esto con el mas que visible objetivo de  poco a poco uniformar a todos los hombres, que todos canten lo mismo y a los de las periferias políticas, económicas, sociales, culturales, económicas, hacerles olvidar que tienen  su canción, su propia música, esa que trajimos al nacer y que nos dice quienes somos, en donde estamos, esa canción que nos conmueve hasta las entrañas, sin encontrar motivo.

Se entiende que esa canción, eso que es interno, que traemos desde el vientre de nuestra madre es eso que nos hace únicos, originales, ese aporte maravilloso a un mundo plural, ecuménico, del que podemos ser participes, constructores, y actores, y  no de reparto.

Así que 2018 años después, solo importa el envase, la cáscara, lo externo, y nos despreocupamos o desentendemos del contenido, del mensaje, de lo que si importa. Por lo menos para aquellos que creemos que aún estam9s a tiempo de reconvertir la historia

Intentemos recuperar nuestra esencia, volver a las raíces….
Recordemos, un pesebre, humilde muy humilde, con unos pocos animales de corral, algunos pastores, una madre y un padre amorosos, y un Niño que nos enseñará que El Mandamiento es el Amor y que nos animará al decirnos: FELICES LOS HUMILDES.

No parece mucho, pero es un comienzo, un nuevo comienzo. Un nuevo día que nace , y que nos brinda la posibilidad de hacer las cosas mejor, por nosotros y por sobre todo por los millones de hermanos que esperan ese nuevo amanecer que nos fue prometido, esos que esperan la luz en medio de la oscuridad actual.
Feliz navidad
FVD


miércoles, 24 de octubre de 2018

CONMIGO NO CUENTEN.



CONMIGO  NO CUENTEN

Luego de leer muchos mensajes subidos en el facebook, de gente que conozco,  pidiendo que se arrojen  piedras, maten policías, quemen todo  y otros que piden metan balas, exigiendo te vote para que reprimas a los negros de mierda, ¡basta de esa gente!,  nosotros los ciudadanos decentes o esos mierdas etc,etc,etc

Violencia, solo violencia…

Triunfo de la señora violencia, y  del odio que fermenta en el interior de algunas personas, odio que quizás fuera inoculado desde su  más tierna infancia.

El hombre prehistórico ejercía violencia por necesidad, por cuestiones de supervivencia, era la lucha por la vida en condiciones extrema , era  una lucha para no desaparecer, en cambio , estos personajes que piden, y predican violencia por cuestiones de odio, sin razón, intolerancia, falta de ideas, y exceso de desprecio del otro.  Amén de tener una escasa formación asumida en la sana  convivencia democrática,  que implica la aceptación el otro, del que yo no soy, en plano de igualdad, más allá de su sexo, credo, tez, ideología o situación social, deriva en la supuesta idea que si el otro no está mi vida será mejor…si el otro no está no habrá obstáculos a mi vida.
Miles de años han pasado y si vemos esto cuestionamos el concepto de evolución del ser humano ¿no?

Idea más que peligrosa y que en realidad no resiste mayor análisis.

Pero nuestra sociedad, está dando claras muestras de no poder conciliar ideas, y si de polarizarse por todo tema y solo encontrar el camino de la agresión y de la violencia como resolución. ¿O ellos o yo?...si no pensas como yo, sos mi enemigo…en el fondo nosotros y ellos…o mejor dicho nosotros o ellos.

Por todo esto y sin dudas , si la más mínima duda,   conmigo no cuenten   , no  celebro ni  festejo ni me parece opción la violencia, la descalificación, el demonizar  al otro, el estigmatizar por el motivo que sea . No comparto la maniquea visión de los buenos y los malos, y no compro ni pago un peso por ser llamado bueno por ninguno de los sectores en pugn.

Y entiéndase, creo en las diferencias de ideas, en el debate, en ver la vida de forma distinta, pero no creo en la violencia como forma de encontrar la forma de convivencia.

Me parece triste, muy  triste, ya que viví  y por oficio estudié nuestra sociedad a lo largo de nuestra historia, y aprendí  que en las instancias semejantes a la actual, como si se tratase de un sino trágico,    la sociedad tiene que dividirse, enfrentarse, aniquilarse, recurriendo a toda forma de violencia. Y así nos va, pero además, cada vez que ocurrió esto, siempre el beneficiado fue externo. Y parece que no lo vemos, o no queremos verlo.

Es así que por algo el acápite de este blog cita a Marechal: "esa Patria que es un dolor que nuestros ojos no aprenden a llorar"  

Conmigo no cuenten para sembrar odio, violencia, descalificación, agresión.

Se ha agotado otra etapa de nuestra Argentina, no sigamos buscando en recetas perimidas caminos a futuro, atrevámonos a soñar nuevos caminos y destinos, en un mundo que ha cambiado y al que deberemos dar respuesta.

Pero, siempre hay un pero, si querés soñar una Patria de hermanos, para todos sin exclusiones, en la que busquemos por sobre las diferencias aquello que nos permita  ser tierra de promisión, crisol de razas, y punto de encuentro y  de hermandad bajo el manto de un amplio ecumenismo, y respeto por todos los hombres de buena voluntad que elijan el suelo argentino, sin dudas allí si estaré. 

Son tiempos de una nueva forja, va llegando la hora, de ir a la fragua y fundir y hacer una las distintas riquezas humanas en pos de una tierra de hermanos con futuro para todos y no solo para unos pocos. Ese es el único desafío que me conmueve hoy. 

De no ser así, no esperen que ayude a más dolor y sin razón.

Lamento, en realidad no, no lo lamento,  sentirme ajeno a lo que parecen ser los vientos que soplan hoy, pero prefiero esto, elijo, no participar ni colaborar a ser cómplice de generar un nuevo momento de dolor, muerte y frustración de los argentinos…

Ya viví esto y no lo quiero

Conmigo no cuenten…